
... Aqui les dejo un breve ensayo de tiempo muerto ...
No espero que lo entiendan, solo comparto algunas hojas sueltas, que merecen estar en otra parte y no entre viejos dibujos, fotos y cartas viejas que ya jamas seran de utilidad alguna.
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Caminaba por la acera, era una húmeda mañana de diciembre. A la gente no le importaba golpearme al pasar con sus paraguas, con sus paquetes arrugados por la lluvia y sus chorreantes gabardinas. Interiormente me daba risa el hecho de que me importara menos a mí que a ellos el que eso pasara.
No sabía a donde iba, solo me mantenía en movimiento porque me divertía la sensación de mis pies en unos zapatos mojados; ese sonido acuoso y constante, la pesadez molesta…
Dieron las 12, la mañana llegaba a su fin y de cierto modo eso me alegraba, las mañanas nunca eran muy gratas para mi, no desde que la ciudad en la que vivía se había vuelto desconocida para mi.
Por fin pare en un parque desierto a tales y hora y con tan inclemente clima. Decidí sentarme y dejarme embriagar con el aroma de tierra y hierba mojada, sentía deseos de quedarme dormida bajo un árbol, hubiera dormido tan bien!; pero me deshice de la idea rápidamente.
Cualquiera pensaría que las personas se incomodaban al verme, pero nadie me miraba, o al menos eso creía. Había estado andando toda la noche bajo una lluvia fina y fría, mi ropa aun estaba húmeda, mis cabellos caían pesados sobre mis hombros y la cruz sobre mi pecho se había empañado, deseos de arrancarlo me invadían, de gritarle a todos mi desesperación, sus propias ansias reprimidas, lo que pensaba de su insensibilidad y miseria de espíritu, pero en lugar de eso solo sonreía indulgente al pasar junto a alguien que llevase un niño.
Al estar frente a un edificio con grandes ventanales me asusto lo que vi., había sido muy imprudente al pasar toda la noche fuera de casa, ¿Qué haría?, ¿Qué diría?, si realmente tenia a que volver … me rechazaba a buscar alguna cara familiar, no recurriría a ello esta vez, no mas …
Comenzó a llover de nueva cuenta y me entregue a la excitación colectiva de correr en la lluvia para guarecerse. Termine bajo la parada de autobús a lado de limpios colegiales en espera de sus madres. Me burle de mi misma y corrí nuevamente lo mas que pude hasta extenuarme. Comprobé que mis pies siempre saben a donde ir…
Subí la escalera y comencé a quedarme dormida en una banca, pero una silueta borrosa bajo la lluvia me hizo desear estar en otro lugar, en otro tiempo, tener otra vida, ser simplemente otra infeliz, pero no hice más que lanzarme a sus brazos.
-¿Desde cuando duerme jovencita?, ¡y con la ropa mojada!- fue lo único que dijo cuando me separaba de su pecho. Estaba tal como lo recordaba pero algo en su manera de hablar no me gustaba.
-“Desde que busco a donde se van los sueños rotos, desde entonces me persigo a mi misma como un fantasma”- le conteste viéndole por primera vez a los ojos desde que le conocía, siempre me intimidaron.
- Ya te he dicho: “en el boulevard”, pero vos no entiende- me dijo mientras me ponía un dedo en la punta de la nariz en señal recriminante.
Me pidió que le acompañara al hotel donde estaba hospedado apenas hacia dos días, sin darme cuenta ya había asentido a su pregunta con la cabeza, pero entendió que caminaríamos bajo la lluvia sin decir palabra.
Al llegar me inquieto ver una cajetilla de cigarrillos en el buró junto a la cama, pensé que podrían no ser de el, pero ¿en una habitación para uno? … me saco de mis cavilaciones el horrendo timbre del teléfono, el contesto sin demora apenas con monosílabos, mientras sacaba de un cajón una camisa negra.
-Báñate y pontela, no quiero que te resfríes, en el mejor de los casos claro esta, además, mojas la alfombra- me dijo burlonamente mientras me extendía la camisa para q la tomara.
Mientras me bañaba trataba de entender que hacia el en la ciudad y ¿Cuánto tiempo me había seguido?, ¿acaso alguien le había llamado preguntándole por mi?, ¿Qué le diré?, ¿me obligara a volver a casa?, no, no lo hará, pero le seria fácil decir cualquier cosa y yo le obedecería con gusto.
-Te invitaría a bajar por un café, pero mejor lo tomamos aquí ¿no crees?, no es prudente que bajes solo con eso puesto, estas bien a todo esto, me refiero a que si no tienes frío, aun no entiendo como soportaste estar asi tanto tiempo, me temo que responderás sin decir nada en si, ¿Qué le paso a tus ojos?, jajaja, mira nada mas ahora soy yo quien pregunta demasiado, anda cuéntame.
Por primera vez no atendía sus palabras, dentro de mi bullía una sensación horrorizante, fulminante; quería que me dejara sola o me acariciara, ansiaba su contacto, pero no me atrevía a nada, quería que al menos algo en mi vida permaneciera intacto, sin mancha. No quería arruinar las cosas teniendo para siempre el recuerdo de su rechazo, ni siquiera el de su aceptación…
-Estoy por debajo de mi destino- le dije y me solté a llorar con una rabia que jamás deje salir ante el, pero solo me sonrió y me abrazo, no intento consolarme; como agradecí eso.
Desperté a las 10 pm un tanto aturdida y con un dolor de cabeza punzante, el estaba en el sofá escribiendo fluidamente hasta que se percato de que lo observaba. – ¿queres una aspirina?, lo olvidaba tu no tomas ni soda,- su pregunta me saco la primera sonrisa desde hacia mucho tiempo.
- ¿Te importa si cenamos?- le conteste que estaba bien, que aun recordaba lo que es comer.
-¿Alguna vez te he pedido algo?- me parecía extraña su pregunta, pero obviamente no precedía nada bueno… -sabes que puedes pedirme lo que sea- le conteste sabiendo que era verdad.
-¿Me acompañarías afuera?, solo eso te pido- salimos al balcón, la brisa después de la lluvia empapaba todo con un olor característico, el cielo finalmente dejaba ver un infinito tan estrellado como negro.
No quería estar demasiado cerca suyo, así que me acomode sobre la espalda de una silla en el balcón
-Quédate así, no t muevas, eres digna de estar en un aparador- sus halagos me turbaban, no sabia como interpretar aquello, no quería hacerlo, no quería complicarme, solo deseaba dijera otra cosa, quería que perdiera la compostura y me exigiera irme o decirle todo lo que había pasado, lo que fuese pero que dejara de tratarme con tanta condescendencia.
Me miraba con el mentón apoyado sobre su mano, como quien observa con curiosidad científica cualquier cosa, soltó una carcajada y sin darme cuenta su rostro ya estaba sobre el mío y con esas manos que no recordaba dirigió su boca a la mía y me beso.
Tocaron a la puerta, era la cena…
Cenamos despacio, sin hablar más que de la comida.
Nos despedimos a la mañana siguiente y nadie nunca hablo del otro hasta hoy.
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Quiza debi terminarlo de otra forma, quiza no debi subirlo ... en fin xD no hay mucho que cabilar.